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Cuerpo sabio. Pensamiento práctico. Destino con sentido.

He vuelto a soñar que estaba en Londres. En mi sueño volvía a Victoria, buscando el pub en el que hace 12 años viví y trabajé. Las calles habían cambiado, y en lugar del pub había un super. Paseando por la zona me encontraba con uno de mis viejos amigos  ⎼¡qué alegría y qué nostalgia puedes sentir mientras sueñas!⎼ y  me decía que se volvía para casa, a Brasil; que justo iba de camino al aeropuerto. Yo le explicaba que de la noche a la mañana había decidido volver a London y que necesitaba trabajo y alojamiento. Él me recomendaba su antiguo piso, y para allí que me fui. Un piso raro, estrecho…

 

No recuerdo cómo acaba el sueño, solo que volvía a coger un avión con destino a casa. Algo no debió salir como yo quería. O de repente habría recordado que Londres me gusta para un rato, y que algo en mí siempre me trae de vuelta a este barrio obrero del culo de Barcelona, que nunca he sentido como mío hasta hace poco, y al que aprecio con una mezcla de aceptación y reto kármico; lo que me recuerda al Bagavad gita, cuando Krishna le dice a Arjuna: tío, este es tu destino, es tu lucha: despierta y ¡palante! (así se lo hubiera dicho si Krishna fuera de mi barrio).

 

 

Todo (te) pasa por algo. Tu barrio, tus sueños, todo tiene sentido en tu vida. Pero no te atasques descifrando esos algos: afina tu cuerpo, empieza a moverte y llegarás a donde te toca, en cada momento. ¡Confía!

 

 

Una de las cosas que aprendí cuando me formé como terapeuta de shiastu, y que he podido comprobar en muchas otras situaciones de mi vida cotidiana es, que en ocasiones, los porqués o los paraqués vienen después del proceso en el que estamos. Por ejemplo, a veces he tomado un camino aparentemente por inercia, y con el tiempo me he preguntado “qué pinto yo aquí” o “por qué estoy haciendo esto”… y un tiempo más tarde me he dado cuenta de que aquel camino extraño me había llevado precisamente a donde yo anhelaba llegar. Y a veces incluso, el anhelo en cuestión estaba oculto, y solo al satisfacerlo es cuando lo descubría. Es esa sensación de sentir que todo encaja, que estoy donde tengo que estar, como tengo que estar, con quien tengo que estar; it feels right. 

 

Entonces, creo que aunque haya momentos en la vida en los que me sienta perdida, ⎼o que lo esté⎼, en realidad estoy donde toca para llegar a donde toca. Que los errores también son aciertos. Y que al final tanto pensar no sirve de nada más que para sobrecalentar los cables de la maquinaria cerebral, que se usa en realidad mucho más de lo necesario.

 

Hay que usar más el cuerpo en conjunto y menos “la cabeza”, que nosotras las personas modernas y occidentales nos encargamos de disociar y de nombrar dictadora del Estado corporal. Y como a mí siempre me ha costado dejar de usar la cabeza en pos del cuerpo, he creado mis propios métodos para ser lo más práctica posible, dándole deberes a mi cerebro-pensamiento con los que éste sea útil y se sienta útil, y así me deje tranquila para lo importante, que es disfrutar de mi sabio y poderoso cuerpo-casa.

 

¿Cómo hacer que el cerebro sea más útil y menos estorbo?

 

Escribiendo.

 

No es que me vaya bien a mí: está demostrado que escribir es una herramienta muy potente para ser más feliz, o sea, para organizar pensamientos y conseguir objetivos, confianza, claridad mental y para entenderse mejor a una misma y al mundo.

 

Así que desde hace unos años, creo ejercicios de escritura para todo. Y de paso, comparto algunos ejercicios contigo, que me lees. Y de paso, creo cursos online para ayudar a más personas y con ello ser yo más solvente, pues escribiendo descubrí que el dinero es importante para mí, y que sentirme culpable por recibirlo trabajando en algo que me gusta es solo una trampa más del sistema; pero no voy a abrir ahora este melón. 

 

Escribir te ayuda a usar tu cerebro para lo que sirve, y sacarle partido. El resto del tiempo libre camina, muévete, haz yoga, karate o baloncesto, baila, duerme, disfruta del sexo y toma el sol lo más desnuda que puedas. Medita, piensa con el cuerpo y hazte caso. La cabeza es solo un traductor, un sensor que recoge inputs a través de unos mecanismos que tenemos en la cara (orejas, ojos, nariz…) y que te ayuda a transformarlos en información útil para ti. No la uses de otra manera o se te quemarán los cables, y cuestan mucho de reparar.

 

♥ El siguiente ejercicio es apropiado para esta estación del año, el otoño. También es buen momento para hacerlo cuando estás menstruando, da igual el mes, pues se trata de soltar todo lo que te sobra, aquello que te está estorbando, que me atrevo a dar por hecho que es mucho, y dejar espacio para aquello nuevo que está por llegar, aquello que te va a nutrir.

 

Elige los pensamientos útiles. Descarta los inútiles.

 

  • Coge papel y boli y haz una lista de diez cosas que te gustaría conseguir a lo largo de tu vida. Es importante que dejes al cuerpo hablar, así que intenta no calentar tus cables, escribe a bocajarro lo que te salga, aunque sean tonterías, y si después de diez líneas te siguen saliendo frases déjate ir, sigue escribiendo todo aquello que te gustaría conseguir.

 

Quiero aprender a hablar en público

Quiero escribir una novela

Quiero ir a la casa de Fridah Kahlo en México

Quiero tener unas piernas de romano…

…¡dale!

 

  • Cuando acabes selecciona 5 o 6 frases, las que más te apetezca conseguir próximamente.

 

  • Ahora, después de cada frase escribe todo lo que vas a dejar de pensar y de hacer, que te está impidiendo que consigas ese objetivo.

 

Quiero aprender a hablar en público: voy a dejar de pensar que soy ridícula, voy a dejar de aplazar reuniones que implican exponerme, voy a dejar de criticar mi voz, voy a dejar de sentirme pequeña, voy a dejar de decir que no sé hablar en público.

 

Quiero escribir una novela: voy a dejar de leer “cómo ser escritora”, voy a dejar de decir que no tengo tiempo para escribir, voy a dejar de perder el tiempo en las redes sociales, voy a dejar de decir que no estoy preparada, voy a dejar de pensar que no tengo nada que aportar.

 

Y así, sucesivamente.

 

Ahora permite que empiece a entrar lo positivo, empieza a atraer ya lo nuevo que está por llegar:

 

  • Escribe cómo te vas a sentir cuando consigas esas 5 o 6 metas. Métete en el papel, visualiza que ya lo has conseguido y escribe cómo te sientes, en presente, dejándote llevar:

 

Quiero aprender a hablar en público: Me siento válida, me siento tan importante como el resto, me siento orgullosa de mi niña interior. Me siento on fire… 

 

Quiero escribir una novela: me siento satisfecha de haberlo conseguido. Me siento capaz de conseguir todo lo que me proponga. Me siento feliz de haber cumplido uno de mis sueños más antiguos, ¡me siento pletórica!

 

  • Por último escribe por cada frase, de qué te liberas y qué acoges:

 

Quiero conseguir tener unas piernas de romano: Me libero de la pereza de activar mi cuerpo, me libero de las excusas para no pasar a la acción. Acojo la acción, el hábito y la gratitud que siento por tener unas piernas fuertes que dan soporte a todo mi cuerpo y lo llevan a todas partes…

 

Quiero aprender a hablar en público: Me libero de los pensamientos limitantes, me libero de los traumas que ya han cumplido su función. Acojo la valentía que hay en mí… … …

 

¡Cúrratelo! ¡Escribe sin parar!

 

  • Cuando acabes, pasa estas últimas frases a limpio, y déjalas en algún sitio que tengas a la vista o al que accedas de vez en cuando. A mí me encanta cuando encuentro ejercicios míos en libretas que tengo en la mesita de noche o en algún posit en mi agenda… A veces me encuentro escritos con propósitos de hace años y descubro que ya han recogido sus frutos y es ¡tan bonito!… como cuando te encuentras un billete de 20€ en una chaqueta vieja.

 

 

Escribir ideas, propósitos, metas… es como plantar semillas. Después hay que regarlas, claro, pero la parte buena de “la mente” es que a ella le gusta ir trabajando por su cuenta, aunque tú estés liada poniendo lavadoras o haciendo la declaración de la renta. Lo único que tienes que vigilar es qué semillas plantas, qué pensamientos recurrentes tienes, qué cosas te dices a ti misma… y siempre que haga falta, escribir para liberarte de lo que te sobra y abrirte a lo que te interesa. Es una práctica consciente que te dará buenos resultados, siempre y cuando crees pequeños compromisos contigo misma. Y cuanto más practiques, mejor. 

 

Instala la práctica de la escritura en tu vida y habrá un antes y un después. Te lo prometo.

 

¡Un abrazo compañera!

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