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Seguro que tú también eres bruja

¿Qué dice la bruja?

¡Qué mala sooooy!

 

De pequeñita siempre me preguntaban esa frase de la Bruja Avería (que depende de qué edad tengas quizá no conozcas; yo ni me acuerdo), y yo con mi vocecita de niña buena contestaba: ¡Pero qué mala sooooy! y todos se petaban de risa.

 

De toda la vida en mi casa, tanto mi madre como mi hermana y yo nos hemos considerado «un poco brujas».  Somos de curar con las manos, con infusiones, con cantos… Siempre hemos tenido premoniciones, sueños lúcidos, y otros episodios algo paranormales de esos que depende a quién se los cuentes te mira raro.

 

La sensación me gustaba, me hacía sentir especial. Pero claro, las brujas… son malas, ¿no? O así nos lo han pintado siempre, culturalmente.

 

¿Qué es una bruja?

Es bien sabido que es una mujer fea, loca y que hace hechizos maléficos…

 

Y ya que estamos, pregunto: ¿Qué es un brujo?

Es bien sabido que es un hombre sabio, distinguido, que hace pócimas curativas.

 

Sospechoso…

Marco:

En el siglo XV la mujer era considerada inferior al hombre (qué sorpresa, ¿verdad?) y estaba sometida totalmente a él y limitada a las labores del hogar y la maternidad (dependiendo también de la clase social y el país había variaciones pero más o menos nos hacemos la idea del cuadro). Toda aquella que se rebelara contra toda la opresión que se ejercía sobre ella, opresión del hombre que pretendía controlar su cuerpo y su sexualidad, era acusada de brujería.

 

La mayoría de ellas eran sanadoras que estaban al margen de la fe religiosa que se profesaba, y fueron acusadas de ejercer su sexualidad sin fines reproductivos, de estar organizadas y de poseer conocimientos médicos y ginecológicos. O sea, que fueron acusadas por disfrutar de sus cuerpos, por reunirse con otras mujeres y por tener conocimientos y sabiduría. ¡Cómo se atrevían!

 

Así que las «brujas» fueron sumergidas en aceite hirviendo, ahorcadas, quemadas y torturadas de muchas horribles maneras.

 

La quema de brujas fue el feminicidio permitido más grande de la historia. Y solo eran mujeres que dieron un paso al frente por su liberación, alejándose del sistema establecido y desafiando la estructura del poder patriarcal.

 

Aquellas valientes aportaron, además, un valor importante a lo que hoy llamamos feminismo, la sororidad: la convicción de que para ser fuertes es necesario tejer redes con otras mujeres. Las brujas eran poderosas, dueñas de sus vidas y de sus creencias; buscaban la sabiduría dentro de sí mismas y la compartían con sus hermanas.

 

¿No es esto algo natural y reconfortante? ¿No habría que recuperarlo e incluso ponerlo como asignatura indispensable en los colegios?

 

Puede que nos hayan manipulado a lo largo de la historia hasta el punto en que a veces en el presente ni nos planteemos lo que estamos haciendo con nosotras mismas y con las demás cuando hablamos, cuando juzgamos, cuando hacemos…

 

Muchas mujeres sentimos o hemos sentido en algún momento una competencia entre nosotras, una rivalidad que realmente no tiene sentido pero que surge de algún punto de los intestinos. Yo pasé la adolescencia con esa sensación, y solo me produjo conflictos. Muchos conflictos.

 

Por suerte siempre ha habido y habrá brujas en el mundo, y seguiremos despertando poco a poco, deconstruyéndonos, reeducándonos y educando a nuestros hijos e hijas en el amor propio, en el respeto, en el contacto con nuestra propia naturaleza, con nuestra sabiduría interior y con nuestras propias normas.

 

Quiero que recuperemos la bruja que hay en nosotras, quiero que preparemos y bebamos la pócima que nos une, y esa pócima tiene como ingredientes: información, concienciación y práctica (me estoy poniendo cursi).

 

Aunque vivamos en el siglo XXI y estemos más fuera que dentro, seguimos teniendo acceso nuestro poder interior, seguimos teniendo la capacidad de ser brujas, porque:

 

  •  Ser bruja tiene que ver con estar en contacto con la intuición.  Tiene que ver con nuestra capacidad de crear, de inventar, de componer.

La creatividad sale de nuestro centro:  liberar nuestra energía creativa alimenta nuestro espíritu y nos deja espacio para respirar. Si no liberamos esa energía «creando», se va acumulando y nos vamos sintiendo frustradas, y así hasta explotar.

  •  Ser bruja tiene que ver con conocer los alimentos y las hierbas que nos convienen y cómo utilizarlos para preservar nuestra salud y la de nuestra gente. No hace falta ser una super cocinera, pero poner conciencia en lo que nos nutre y lo que nos purifica es esencial para cuidarnos y sanarnos.
  • Ser bruja tiene que ver con utilizar la capacidad curativa que tenemos en las manos, en la mirada, en la escucha, en las palabras, en la luz que arrojamos a través del pensamiento. Abrazar, besar, acariciar; esos pequeños gestos que son tan sencillos y a la vez tan potentes.
  • Ser bruja tiene que ver con la conexión con nuestros sueños, con nuestro ciclo menstrual, con nuestras necesidades vitales, con nuestro cuerpo. Y todas estas conexiones son innatas, así que si por un momento piensas «yo no tengo de eso, Mari», no te preocupes, es cuestión de práctica.
  • Ser bruja significa ser independiente y a la vez compañera. Es ser yo misma, y no un modelo de mujer impuesto.

 

Cuando eres tú misma y estás en contacto con tu interior puedes dar lo mejor de ti ¡y expandirte!

 

Hoy en día no nos queman en la hoguera, pero el maltrato a las mujeres que no se someten a ciertas ideas «nefastas» arrastradas en el tiempo sigue muy presente, y si no nos respetamos nosotras y entre nosotras, no estaremos colaborando para que eso cambie.

 

«Si eres mujer y te atreves a mirar dentro de ti, eres bruja»

 

Esta, es una frase de un manifiesto de las W.I.T.C.H. (grupo feminista de los 60) que invita a todo tipo de mujeres a unirse al movimiento.

 

Aquí va otra más potent:

 

«Cuando te enfrentas a una de nosotras, ¡te enfrentas a todas! Pasa la palabra, hermana»

 

Estoy segura de que el mensaje te llega y te toca… A mí me toca mucho. Me siento identificada y conectada con esas valientes del pasado (y del presente) y quiero honrarlas y seguir su causa, nuestra causa.

 

Así que paso la palabra, compañera. Y te animo a que pases la palabra tu también y que entres en acción.

 

¡Salud!

 

Me gustaría saber cómo te sientes respecto a la palabra «bruja». ¿Tienes el prejuicio instalado en tu cerebro? ¿Te has sentido alguna vez identificada o intrigada por el tema? ¿Sabías algo sobre las brujas? ¿Te sientes bruja? Por favor, deja tu comentario 🙂

4 Comentarios

  • Yasmina

    Durante mucho tiempo he tenido rechazo hacia las mujeres. Mi grupo de amigos eran eso, amigos, todo chicos. No podía reunirme con mujeres pues me sentía incómoda, pequeña, vulnerable.
    Con el paso de los años, la apertura de mente y el viaje interno que aun hoy estoy haciendo me ha abierto los ojos y el corazón.
    Estoy sanando esa parte femenina que tenía abandonada y junto con ello estoy rodeándome de bellas y fantásticas mujeres.
    Nunca antes había podido disfrutar de reuniones con mujeres y del maravilloso poder de amor y sabiduría que se crea en ellas.
    El empoderamiento propio nace en estas reuniones y puedo decir que la nutrición que obtengo de todas y cada una de ellas no la he obtenido jamás de ninguna otra forma.
    Con esta reconciliación hacia los femenino solo he podido obtener regalos y el más visible tangible ha sido la regulación de mi ciclo menstrual. Tenía ciclos de lo más desequilibrados y hoy en día son prefectos, casi casi están en son con el ciclo lunar, es una maravilla.
    Todas somos brujas, todas somos sabias, solo nos falta recordarlo 🙂

  • Aurora

    M´agrada molt tot el que dius Nadia i crec que tens molta raó, jo mateixa sóc una dona que moltes vegades m´he sentit bruixa, de les bones, i sense voler fer malt mai a ningú, moltes vegades m´ha fet por tenir aquest sentiment. Suposo que és per manca d´informació.
    Continua escrivint coses que ens poden ajudar a moltes dones. Gràcies.

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