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Un trocito de ti (Ej. de escritura)

Cuando te preguntan cómo eres, ¿Qué respondes?

 

De acuerdo con las teorías de la personalidad, nos creemos que somos de una manera que depende de las evaluaciones de las personas que nos importan y de cómo nos relacionamos con ellas. ¿Estás de acuerdo?

 

Así que, desde pequeña te vas llenando de etiquetas: elijes qué palabras te definen y una vez puesta la etiqueta parece que no puedas salirte de tu rol. Y si te sales, todo tu mundo y los mundos vecinos se tambalean, o al menos eso te parece a ti. ¿No te pasa?

 

Si por ejemplo te has (o te han) catalogado de simpática, abierta y divertida, quizá nunca te permitas ser antipática, introvertida y aburrida. Y también lo eres, en algún momento… No se es simpática todo el tiempo; eso es imposible. Que lo fueras, sería un poco sospechoso, y seguro que agotador… Pero si te has creído la etiqueta y nunca te permites no ser simpática, lo que puede pasar es que el día que no te sientas flex, como para sonreírle al mundo quizá te sientas rara y mal: “esta no soy yo, no sé qué me pasa… oh dios mío, caos, destrucción, no sé quién soy…”

 

Y sí que eres tú, claro que eres tú. Lo que te define no son unos adjetivos bastante cuestionables. Somos más complejas que un conjunto de adjetivos o juicios. Dejar de creernos las etiquetas es un ejercicio de conciencia y es liberador. Y cuando lo aplicas en ti, también vas abriendo tu espacio de aceptación y tolerancia hacia las demás personas, y eso es muy reconfortante.

 

Decía mi amigo Jesucristo: “no juzguéis y no seréis juzgados” … ¿Qué te dice esa frase? A mí me gusta, la interpreto como que si yo no etiqueto a las personas con mis juicios, las personas también me aceptarán a mí tal y como soy.

 

Pero no creo en la posibilidad de dejar de juzgar. Creo que la mente siempre es más rápida, y está muy bien enseñada a juzgar lo que ve en cero coma… Tampoco creo que eso sea un inconveniente; juzgar nos sirve para defendernos, en un momento dado. El juicio es necesario, es una herramienta más para posicionarnos en el mundo e interactuar. Lo que sí se puede hacer es aprender a no creernos esos juicios, a detectar las etiquetas a tiempo para no reaccionar ante ellas, y para que no nos limiten.

 

Las cosas que realmente nos describen tienen que ver con cómo percibimos el mundo y nos relacionamos con él. Con las emociones que sentimos, cómo las manifestamos, con lo que aportamos… Y, aun así, eso es sólo una pequeña parte de lo que somos. Somos muchísimo más. Pero está bien empezar por aquí, por lo que llaman la tercera dimensión (esa parte material de la vida de la que somos conscientes) y poder observarnos a nosotras mismas y al resto como las inocentes criaturitas que un día fuimos, y que en el fondo, seguimos siendo.

 

 

 

Vamos allá con el ejercicio:

 

Se trata de que contestes a todo tal y como te salga, más allá de si la pregunta te parece tonta, complicada, o no acabas de saber a qué se refiere exactamente… Sobre todo, no tardes mucho en responder: fluye, libera lo que te venga, tal cual.

 

 

Coge papel y boli y empieza a responder a las preguntas una detrás de la otra, de manera que vayas creando un texto de tus respuestas.

 

 

¿Qué te gusta de las mañanas? ¿y qué te disgusta? ¿Qué se te antoja comer a menudo? ¿Qué actividad no podrías quitar de tu vida? ¿Qué es lo que más sueles hacer? ¿De qué tienes miedo? ¿Qué te hace temblar el corazón de emoción? En una palabra, di qué te sugiere cada estación del año. ¿Qué te agrada la vista? ¿Qué te agrada el olfato? ¿Y el tacto? ¿Qué paisaje te encanta? ¿Qué te divierte? ¿Qué canción te viene ahora a la mente? Di un objeto que te guste. Di algo que te de asco. Di algo que te de pena. ¿Qué te gusta de las noches? ¿y qué te disgusta? ¿Qué te gustaría probar? ¿Qué actividad eliminarías de tu día a día? ¿Qué odias hacer en tu vida? Si tuvieras que aportar dinero y ayuda a alguna causa mundial, ¿cuál sería? ¿Cómo te gustaría verte dentro de 10 años?

 

 

¿Has acabado?

Acaba.

 

Antes de seguir, te invito a leer lo que me salió a mí cuando lo hice la primera vez hace 3 años, para ver cómo analizar tu texto.

 

Me gusta el sol, me sienta bien madrugar. Me disgusta cuando no hay desayuno. Se me antojan aceitunas o chocolate. No podría no bailar. Lo que más hago es reír. Me da miedo la soledad espiritual. Me emocionan los actos de compasión. Primavera salir. Verano mar. Otoño escribir. Invierno leer. Me gusta una casa despejada y luminosa. Me gusta el olor a frutas silvestres. Necesito tocar y acariciar a mi gente. Mi paisaje es el mar, la playa, la orilla. Me divierte mirar a mi bebé. Canción: Busca lo más vital, del libro de la selva. Me gusta mi libro electrónico. Me dan asco los gusanos. Me da pena la gente mayor que está sola. De las noches me gusta mirar la luna y abrazar a mis hombrecitos en la cama. Me disgusta no poder dormir. Eliminaría limpiar la cocina y el váter… Odio sentirme obligada a hacer algo. Mi causa son l@s nin@s. Me gustaría seguir evolucionando como persona y como terapeuta y verme en 10 años con la libertad de pasar mucho tiempo con mi gente en tranquilidad y con muchas risas.

 

 

 

A partir del texto que te ha salido, puedes verte, y los demás pueden ver una parte de ti y de cómo eres ahora. Podrías haber escrito otras cosas, pero has escrito esas, y ahí hay mucha información, que a simple vista quizá no logras ver, pero que en conjunto genera una esencia que tiene que ver contigo, con quién eres tú, ahora. Alguien con mucha intuición podría dibujarte, pintarte, cantarte… sin conocerte, tan sólo con leer tu párrafo. Te sorprenderías del resultado. Quizá te emocionarías al reconocerte. Y si haces este ejercicio cada año y luego lees el de años anteriores podrás recoger tu esencia en palabras, es muy bonito. Hay cosas en ti que cambian, y hay cosas que permanecen y que evolucionan.

 

 

¿Quién eres tú? Eres un conjunto maravilloso de conexiones, una persona única en el mundo, una nota en la melodía del universo; y esa nota es clara y limpia cuando estás en contacto con tu interior, cuando te dejas Ser, cuando aceptas lo que hay y das pasos en la dirección que te llama.

 

 

  • Relee tu texto y señala lo que destacas. Aquello que se repite, que te resuena mucho, aquello que parece un hilo conductor de todo lo demás. Por ejemplo, en mi texto veo claro que todo gira en torno a la diversión, la familia, la conexión y mi vocación. Destaco de mi texto el mar y el valor de la libertad. En resumen.

 

  • Observa si los deseos y valores de tu texto están alineados con tu presente. Por ejemplo, yo he escrito “no podría no bailar”. Ahora la pregunta es: ¿Bailo? ¿A menudo? Y la respuesta ahora mismo es sí, pero hubo mucho tiempo en el que NO, y eso, sin ni siquiera darme cuenta, me producía una enorme tristeza y una frustración que contagiaba todas las áreas de mi vida. ¿Qué hay de tu texto?

 

Puedes seguir analizando libremente tu escrito, porque la buena noticia es que no hace falta tener experiencia en el análisis de textos (aunque eso también va bien) ya que lo importante es lo que tú seas capaz de ver, lo que tú interpretes de tus propias palabras escritas. Y que hayas trabajado cinco minutos tu creatividad a través de la escritura.

 

Por si vas muy perdida te pongo algunos apuntes que puedes utilizar:

 

→ Fíjate si hay algún tema común o que se repita.

→ Fíjate en qué emoción sientes al leer tu texto.

→ Fíjate en si el texto está acorde con tu realidad actual y si haces algo para con eso (tanto en las partes buenas como en las que hablan de lo que odias hacer…)

→ Fíjate si el texto sugiere muchas cosas materiales, espirituales, físicas… lo que sea.

→ Puedes escribir tres “recordatorios” para ti. Por ej. para mí una frase sería: “Recuerda divertirte cada día”

→ Si te inspiras, te animo a hacer un dibujo que represente tu texto.

 

Espero que tu escrito te susurre (o te grite) algo, y que le hagas caso. ¡Que te hagas caso!

 

Un abrazo,

¿Cómo ha ido? ¿Me lo explicas?

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